
Atención psicológica con población adulta y adolescente
Rubén del Pino desarrolla su actividad como psicólogo en el barrio de Arganzuela, en Madrid, con una propuesta de psicoterapia dirigida a personas adultas y adolescentes, así como a parejas y familias. Su trabajo parte de la atención a situaciones en las que el malestar emocional, los conflictos relacionales o las crisis vitales dificultan el desarrollo cotidiano y requieren un espacio profesional de escucha y análisis.
La práctica individual aborda procesos personales que pueden estar vinculados con ansiedad, depresión, crisis personales, autolesiones, adicciones o la sensación de no encontrar una dirección clara ante determinadas circunstancias. En el caso de la población adolescente, la intervención tiene en cuenta una etapa vital marcada por cambios personales, familiares y sociales, en la que pueden emerger dificultades emocionales y de relación que necesitan ser comprendidas en su contexto.
La consulta se plantea como un entorno de confidencialidad y seguridad donde las personas pueden detenerse a identificar qué les ocurre y explorar alternativas para afrontar aquello que les genera sufrimiento. La intervención se adapta a la historia, las necesidades y el ritmo de cada proceso, sin establecer recorridos idénticos para todos los casos.
La pareja y la familia como ámbitos de intervención
La terapia de pareja y la terapia familiar constituyen otro de los ejes de la actividad de Rubén del Pino. Los conflictos en estos ámbitos pueden afectar a la comunicación, la convivencia, la gestión de las diferencias o la manera en que cada integrante afronta situaciones complejas. El trabajo terapéutico incorpora las relaciones y dinámicas que se producen entre las personas, en lugar de reducir el análisis a una única perspectiva individual.
Esta mirada resulta especialmente relevante ante dificultades familiares, desacuerdos de pareja o situaciones en las que el malestar de uno de los miembros repercute en el conjunto. La terapia ofrece un marco para abordar los vínculos, revisar pautas de relación y atender aquellos factores que pueden estar sosteniendo el conflicto. El objetivo no se limita a señalar problemas, sino que se orienta a comprender cómo se organizan las relaciones y qué posibilidades de cambio existen dentro de cada sistema familiar o de pareja.
Su trayectoria profesional incluye el ejercicio de la psicoterapia tanto en consulta privada como en el ámbito público. En este último ha trabajado en Protección de Menores y en varios Centros de Apoyo a las Familias, donde fue responsable del Servicio de Atención y Prevención de las Relaciones de Violencia en el Ámbito Familiar.
Una perspectiva sistémica para comprender el malestar
El enfoque de trabajo se apoya en una concepción sistémica de la salud emocional. Desde esta perspectiva, el bienestar de una persona no se entiende como una realidad aislada, sino como parte de un entramado en el que intervienen relaciones, experiencias previas y condiciones sociales. La intervención considera, por tanto, aspectos como la familia, la comunidad, la cultura, el género o la clase social, en la medida en que atraviesan la vivencia de cada persona.
Esta forma de entender la psicoterapia evita reducir las dificultades a categorías abstractas o a síntomas desconectados de la vida cotidiana. La ansiedad, una pérdida, una crisis de pareja o un conflicto familiar pueden adquirir sentidos distintos según las circunstancias de quien los experimenta. El proceso terapéutico trata de situar esos malestares dentro de una historia concreta, atendiendo tanto a los recursos disponibles como a los obstáculos que afectan a la persona o al grupo familiar.
La formación de Rubén del Pino en terapia familiar sistémica y psicodramática se integra en esta orientación. Ambas áreas aportan herramientas para trabajar con las relaciones, las experiencias emocionales y las formas en que las personas representan y afrontan sus conflictos.

Trauma, duelo y heridas emocionales
Entre las áreas de formación del profesional figuran la clínica e intervención en trauma y la terapia EMDR, junto con el acompañamiento en procesos de duelo. Estas especializaciones se relacionan con situaciones en las que determinadas vivencias pueden dejar una huella persistente y condicionar la manera de sentir, relacionarse o interpretar el presente.
El duelo ocupa un lugar relevante en la atención a las pérdidas y a los cambios que alteran de forma significativa la vida de una persona o una familia. La muerte de un ser querido, la ruptura de una relación, una modificación profunda de las circunstancias personales o la pérdida de expectativas pueden desencadenar procesos que requieren tiempo y elaboración. La psicoterapia se presenta en estos casos como un espacio para dar lugar a las emociones, revisar lo vivido y acompañar la adaptación a una nueva realidad.
La sensibilidad ante las heridas invisibles forma parte de su planteamiento profesional. Algunas experiencias no siempre son identificadas de inmediato por quienes las atraviesan, aunque pueden manifestarse mediante bloqueo emocional, ansiedad, dificultades relacionales o conductas de riesgo. El trabajo clínico busca atender esas señales sin juicio y con respeto por las particularidades de cada historia.
Adicciones y conductas que generan sufrimiento
La formación en adicciones amplía el campo de intervención ante conductas que pueden convertirse en una fuente de malestar, dependencia o conflicto en el entorno cercano. Estas situaciones no se abordan de forma aislada, sino vinculadas a los factores personales, familiares y emocionales que pueden influir en su aparición y mantenimiento.
En este marco también se sitúa la atención a las autolesiones, una problemática que puede requerir un abordaje cuidadoso de los estados emocionales, los recursos de afrontamiento y las circunstancias relacionales de la persona. La presencia de estas conductas puede responder a experiencias de sufrimiento que necesitan un espacio de comprensión profesional, especialmente cuando afectan a adolescentes o se producen junto a otros problemas de salud emocional.
La intervención no plantea soluciones uniformes ni separa las conductas de la trayectoria de quien consulta. Cada proceso se construye atendiendo a las circunstancias personales y a la red de relaciones que rodea a la persona, con el propósito de identificar vías de afrontamiento más ajustadas.
El vínculo terapéutico como base del proceso
El respeto por el ritmo, las decisiones y las circunstancias de cada persona es uno de los principios que orientan la práctica de Rubén del Pino. La terapia se desarrolla desde una relación profesional en la que la persona participa activamente en su propio proceso, sin ser empujada a abordar cuestiones para las que todavía no se siente preparada.
La alianza terapéutica ocupa un lugar central en este modelo. La posibilidad de hablar de vulnerabilidades, conflictos o experiencias dolorosas depende de que exista un espacio donde no prevalezca el juicio. Escucha, cercanía y adaptación a las necesidades concretas articulan una atención que abarca la dimensión individual, la pareja y la familia.
Rubén del Pino mantiene en Arganzuela una práctica centrada en comprender el malestar dentro de la historia y las relaciones de cada persona, pareja o familia.
DIRECCION: C. de Torres Miranda, 2, Arganzuela, 28045 Madrid, España
