
En el verano de 2001, la Casa de Campo ardía con demasiada frecuencia. Aquel año se registraron hasta 70 fuegos o conatos de incendio que arrasaron casi 152.000 metros cuadrados de este emblemático pulmón verde de Madrid. Aquel escenario, alarmante y desolador, marcó un punto de inflexión. Desde entonces, el Ayuntamiento de Madrid ha puesto en marcha un ambicioso y sostenido plan de prevención y vigilancia que, dos décadas después, muestra resultados tan esperanzadores como contundentes.
En 2024, los incendios en esta zona forestal se han reducido a tan solo diez conatos, y la superficie quemada representa apenas el 1 % de la que se abrasó en 2001: apenas 1.419 metros cuadrados frente a los casi 152.000 de entonces. Es decir, un 85 % menos de fuegos, y un impacto ambiental radicalmente menor.
Una visita con mensaje
Este martes, la vicealcaldesa de Madrid y actual alcaldesa en funciones, Inma Sanz, junto al delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, han visitado la Casa de Campo para comprobar de primera mano el desarrollo de la campaña contra incendios de este año. En su recorrido, estuvieron acompañados por el concejal delegado de Limpieza y Zonas Verdes, José Antonio Martínez Páramo, y el concejal de Moncloa-Aravaca, Borja Fanjul.
El grupo ascendió hasta el cerro de Garabitas, punto estratégico que alberga una de las dos torres de vigilancia que protegen la Casa de Campo. Allí, los responsables municipales recibieron un informe detallado del operativo, que hasta la fecha ha tenido que intervenir únicamente en dos conatos de incendio, ambos leves. Las causas, según se ha confirmado, estarían relacionadas con descuidos o fuegos provocados, una problemática que se mantiene en vigilancia constante.
En contraste, en el Área Forestal de Tres Cantos —cerrada al público desde hace años— no se ha registrado ni un solo incendio desde 2006, lo que confirma la importancia de la gestión humana sobre estos espacios naturales.
Un dispositivo que no baja la guardia
El servicio de defensa contra incendios en parques forestales se activó este año el 21 de abril, adelantando su puesta en marcha respecto a campañas anteriores. Esta medida preventiva responde tanto al cambio climático como a las condiciones de sequedad cada vez más prolongadas del terreno.
Un total de 53 efectivos vigilan durante las 24 horas del día las 1.900 hectáreas protegidas —1.700 de ellas pertenecientes a la Casa de Campo—, organizados en tres retenes de pronto ataque. Estos equipos no solo se encargan de la vigilancia y la intervención rápida ante cualquier incidente, sino también de labores de prevención y coordinación con los Bomberos de Madrid.
La vigilancia se realiza desde tres torres: dos ubicadas en Casa de Campo y una más en el Área Forestal de Tres Cantos. Los retenes cuentan con cinco autobombas forestales ligeras de alta presión, con capacidad para 450 litros, además de herramientas manuales y dos autobombas semipesadas de 3.500 litros. El refuerzo del Cuerpo de Bomberos de Madrid incluye una autobomba forestal pesada con capacidad para 2.900 litros de agua y 100 litros de espumógeno, lista para actuar como segundo nivel de respuesta ante cualquier emergencia.
La coordinación entre todos los efectivos se garantiza mediante telefonía móvil y emisoras portátiles, con comunicaciones diarias tanto con la central de bomberos municipales como con el servicio de emergencias regional 112.
Prevenir para no lamentar
Uno de los pilares fundamentales de esta transformación ha sido la labor preventiva. En la campaña anterior, se mantuvieron 128 kilómetros de cortafuegos y se realizaron trabajos de desbroce en 1.400 hectáreas, así como podas selectivas y tratamientos en coníferas y grandes árboles.
Pero la prevención también ha encontrado aliados inesperados: durante la primavera, un rebaño de unas 450 ovejas pastó por la Casa de Campo como parte del programa de mantenimiento natural. Esta acción no solo reduce el volumen de hierba susceptible de arder, sino que además enriquece el suelo con estiércol, promueve la biodiversidad al facilitar la dispersión de semillas, y aporta valor cultural, educativo y turístico al parque.
Un cambio tangible y duradero
Hoy, la Casa de Campo no solo está mejor protegida, sino también más viva. El esfuerzo continuado del Ayuntamiento de Madrid ha transformado un problema crónico en un ejemplo de gestión forestal urbana. La reducción drástica en el número y extensión de incendios no es fruto del azar, sino de una estrategia planificada, recursos adecuados y una vigilancia constante que ha permitido blindar este espacio vital para la ciudad.
Mientras el cambio climático sigue presentando desafíos cada vez más complejos, el modelo implementado en la Casa de Campo demuestra que la anticipación, la tecnología, la cooperación institucional y hasta la naturaleza —en forma de ovejas pastando— pueden ser aliados poderosos para mantener a raya el fuego y proteger nuestros espacios verdes. Un ejemplo que bien podría inspirar a otros grandes parques urbanos de España y del mundo.
