Cobo afirma que la Iglesia debe abrir puertas en lugar de levantar muros: un llamado a la inclusión y la unidad

El arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, ha enfatizado durante la misa del Corpus Christi, presidida por el papa León XIV en la emblemática Plaza de Cibeles, que la misión de la Iglesia no es la de erigir barreras, sino la de abrir puertas y avivar el fuego del Espíritu en la urbe.

En su discurso inaugural, Cobo dio la bienvenida al pontífice, expresando su gratitud por la visita a esta tierra, considerada un puente entre España y el continente americano. «Desde esta comunidad que peregrina en Madrid, le recibimos con un sincero júbilo y un corazón lleno de agradecimiento», afirmó el cardenal.

Asimismo, destacó la importancia de la presencia del sucesor de Pedro, quien viene a fortalecer la fe de los creyentes, a sostener sus esperanzas y a recordarles que la esencia de la Iglesia radica en la Eucaristía, con el propósito de difundir el Evangelio y asistir a los más vulnerables.

Cobo subrayó que la Iglesia debe ser «una casa abierta y una asamblea convocada por Dios». En este contexto, mencionó la solemnidad del Corpus Christi, una celebración profundamente arraigada en la cultura y la historia de España, donde el pueblo de Cristo se reúne para nutrirse del «pan de la vida».

El cardenal también agradeció a la comunidad diocesana y a los peregrinos que han llegado de diversas iglesias por su participación en la liturgia, así como a aquellos que siguen la misa a través de los medios de comunicación.

Aludiendo a un antiguo refrán madrileño que dice «Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son», Cobo explicó que Madrid, aunque carezca de playa, posee un vasto acuífero que simboliza la presencia del agua viva del Bautismo, que es la fuente de la identidad cristiana y el núcleo de la comunión. «Hoy regresamos a esa fuente y nos transformamos en un nuevo acuífero a través de la Eucaristía, presentando ante el Señor las vidas de nuestra gente», manifestó.

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Continuando con el refrán, el cardenal recordó que los muros de la Iglesia no son de piedra. Al derrumbarse parte de la muralla, apareció la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid, lo que enseñó a la Iglesia que su misión no es construir muros, sino abrir puertas y avivar el fuego del Espíritu en la ciudad. «Este es su muro y su puerta», afirmó Cobo.

El arzobispo concluyó su mensaje señalando que en esta jornada la Iglesia se adentra «en el corazón de Madrid» para proclamar que «Dios sigue presente entre su pueblo» y lo envía a forjar «una sociedad más fraterna, donde nadie sea invisible y el pan llegue a todos».

«Así lo demostraremos, porque en las manos del sucesor de Pedro, el Cuerpo de Cristo recorrerá las calles de Madrid, recordándonos la esencia de lo que la Iglesia debe ser en nuestro mundo. Agradecemos su presencia, Santidad, y a todos aquellos que hacen posible el mayor de los milagros: que Cristo continúe uniendo a su pueblo y caminando entre él», concluyó el cardenal Cobo.