
Hay espectáculos que no solo se contemplan, sino que se sienten como una sacudida. Propuestas que no buscan únicamente emocionar, sino también incomodar, cuestionar y, sobre todo, recordar. Eso es lo que promete Olvidadas (a Las Sinsombrero), la nueva creación de Mercedes de Córdoba, que llega a Madrid los días 27 y 28 de marzo con un estreno cargado de simbolismo en el Centro Danza Matadero.
No es casual el título. Tampoco lo es el subtítulo. La obra se inspira en Las Sinsombrero, aquellas mujeres brillantes de la Generación del 27 que desafiaron las normas sociales de su tiempo y que, sin embargo, fueron relegadas al silencio durante décadas. Artistas, pensadoras, intelectuales que rompieron moldes… y que la historia decidió olvidar. Hasta ahora.
Un diálogo entre el pasado y el cuerpo
En manos de Mercedes de Córdoba, el flamenco se convierte en un lenguaje de memoria. La bailaora cordobesa no se limita a recrear una época: construye un encuentro imaginario con esas mujeres, un espacio escénico donde sus voces —ausentes durante tanto tiempo— vuelven a resonar a través del movimiento.
La obra, galardonada con el Premio Lorca 2025 al mejor espectáculo español/flamenco, se articula como un viaje emocional que mezcla lo íntimo con lo colectivo. En él, la artista entrelaza sus propias vivencias con el legado de aquellas figuras invisibilizadas, creando un relato que transita entre la denuncia, la poesía y la ironía.
No hay discurso explícito, pero sí una potente narrativa corporal. Cada gesto, cada silencio, cada golpe de tacón parece preguntarle al espectador: ¿qué ocurre cuando la historia decide borrar a quienes la escribieron?
Un equipo que convierte el escenario en experiencia
Sobre el escenario, la propuesta se despliega con una fuerza coral. Junto a la coreógrafa, bailaoras como Alejandra Creo, Marta Cañizares y Polina Sofía amplifican la intensidad del relato, mientras la música en directo añade una capa emocional imprescindible.
La dirección musical, compartida con Juan Campallo, se materializa en una formación que combina guitarra, contrabajo, percusión y cante. Voces como las de Jonathan Reyes, Jesús Corbacho o Ezequiel Montoya no acompañan: dialogan con la danza, la empujan, la sostienen.
A ello se suma un cuidado diseño escénico: la iluminación de Antonio Valiente, el vestuario de Carmelilla y el sonido de Ángel Olalla construyen un universo visual que refuerza el carácter simbólico de la obra. Todo está pensado para que el espectador no solo vea, sino que habite ese espacio de memoria.
Más que un espectáculo: una conversación necesaria
El viernes 27 de marzo, tras la función, el público tendrá la oportunidad de quedarse. De hablar. De compartir impresiones con la artista en un encuentro que promete ser tan revelador como la propia obra.
Porque Olvidadas no termina cuando cae el telón. Su intención va más allá del aplauso: busca generar reflexión, abrir preguntas, remover conciencias. En un tiempo en el que la revisión histórica y la memoria colectiva ocupan un lugar central en el debate cultural, la propuesta de Mercedes de Córdoba se sitúa en un lugar especialmente pertinente.
Una trayectoria marcada por la búsqueda
Hablar de Mercedes de Córdoba es hablar de una artista en constante evolución. Considerada una de las figuras más destacadas del flamenco contemporáneo, su carrera ha estado marcada por la inquietud creativa y la capacidad de reinventarse.
Desde que en 2013 recibiera el Premio Nacional de Flamenco en Córdoba, su ciudad natal, no ha dejado de construir un lenguaje propio. Espectáculos como Ser. Ni conmigo ni sin mí o Sí, quiero la han consolidado en festivales de referencia como el de Jerez o la Bienal de Sevilla, donde ha sido reconocida tanto por la crítica como por el público.
Pero quizá lo más interesante de su trayectoria sea su capacidad para mirar más allá del flamenco sin perder su esencia. Como coreógrafa y directora artística, ha colaborado con numerosos creadores, firmando obras que amplían los límites del género y lo conectan con otras disciplinas.
Madrid, escenario de memoria y presente
El estreno en el Centro Danza Matadero no es solo una cita cultural más en la agenda de la ciudad. Es una invitación a detenerse, a escuchar lo que durante tanto tiempo no se quiso oír.
En una capital que se consolida como epicentro de la creación contemporánea, propuestas como Olvidadas demuestran que el arte sigue siendo una herramienta poderosa para revisar el pasado y entender el presente.
Porque, a veces, bailar también es recordar. Y recordar, en sí mismo, es un acto profundamente revolucionario.
