
Soy Álvaro Santaella, psicólogo general sanitario en PSICOMORAY, un gabinete de psicología respetuosa, es decir libre de juicios, cuyo pilar se fundamenta en el respeto hacia la persona (independientemente de su género, sexo, país de origen, etnia, edad…), la adaptación única e individualizada de que acude a terapia (en torno a sus creencias y valores, ritmos en sesión, experiencias previas…) y la escucha activa. Para el equipo, lo más importarte es encontrar solución a aquello que te provoca malestar, a través de una conexión cercana desde el factor humano, es decir, un vínculo muy estrecho y personal, en paralelo.

Tanto a nivel personal, como a nivel profesional por parte de varios pacientes, he podido escuchar algunos mitos relacionados con el colectivo LGTBIQ+. Comentarios y juicios desajustados y sin fundamento como: “Formar parte del colectivo LGTBIǪ+ es una moda o una etapa”. “No tengo nada en contra, pero que no lo muestren en público”. “Los niños y las niñas no deberían saber sobre esto…” Antes de hablaros en detalle sobre estos mitos acerca del colectivo, como adelanto en el título, me gustaría poneros en contexto con el posible origen y desarrollo de los mismos, y lo haré a través de contaros alguna de mis experiencias personales, en las que he vivido y escuchado estos comentarios y juicios peyorativos.
A lo largo de la historia, la diversidad sexual y afectiva ha formado parte del desarrollo y evolución del ser humano, aunque no siempre ha sido aceptada o reconocida para todos por igual. Dentro de esta diversidad, la comunidad LGTBIQ+ (L, Lesbiana; G, Gay; T, Transexual; B, Bisexual; I, Intersexual; Q, Queer…) ha sido invisibilizada o estigmatizada durante décadas, hasta ganar progresivamente derechos y un reconocimiento similar al que podrían tener las relaciones heteronormativas. Sin embargo, por desgracia son muchos los contextos en los que todavía los cambios y luchas sociales para buscar una aceptación entre iguales, no se reconocen, incluso son penados con cárcel o la pena de muerte.
En el contexto LGTBIQ+, todavía persisten gran variedad de mitos e ideas erróneas basadas fundamentalmente en la desinformación o la representación desajustada y poco representativa de este colectivo. Podemos encontrar contenido de este tipo en múltiples medios de comunicación, facil y rápidamente a un simple clic en redes sociales: “¿Es posible “curar” la homosexualidad?” “¿Es la comunidad LGTBIǪ+ más promiscua?” “Si tienen los mismos derechos que el resto, ¿cuál es el problema?”
Como podemos observar, estas cuestiones tienen un elemento en común; estigmatizar o invalidar la imagen del colectivo LGTBIQ+. Es por ello, que hoy vengo a contaros algunas de mis experiencias, a la par que desmitificamos los comentarios que se escuchan con frecuencia:
- Formar parte del colectivo LGTBIǪ+ es una moda o una etapa: Recuerdo estar en terapia hablando con unos padres y que después de ofrecerles unas pautas para mejorar la relación con su hija, comenzaron a cuestionar la veracidad en la orientación sexual, que claramente definia su hija. “Ya se le pasará. Eso sale mucho en TikTok y en Netffix y le han lavado el cerebro”. Me quedé atónito con esas palabras. Por un momento, me quede atónito, no sabía que decir… Sobre todo, al imaginar cómo su hija tenía que exponerse a ese tipo de comentarios de forma frecuente en casa.
Rápido mi cabeza reaccionó y les expliqué que la orientación sexual, o la forma en la que nos expresamos, no es algo pasajero ni externo a la persona, sino un elemento que forma parte de la identidad. No es algo que dependa de la sociedad o que pueda aparecer en un punto vital determinado del individuo y que vaya a desaparecer con el paso del tiempo.
La identidad sexual, no es una moda o una etapa. Que hoy en día podamos ver más representación o visibilidad del colectivo, no significa que la existencia de este grupo no haya estado presente desde los comienzos de la humanidad. Anteriormente, nuestra existencia estaba ligada a estar escondidos, al silencio, a la discriminación social… Ahora se nos da voz, imagen y cada vez más espacios para poder expresarnos. Asimismo, el catalogarlo como etapa invalida toda aquella reflexión y experiencias previas que han podido constituir la sexualidad de una persona. ¿Esto quita que no podemos seguir explorando y conociéndonos? No, pero tampoco quiere decir que sea algo superficial o puntual.
- No tengo nada en contra, pero que no se visibilice en público: En esta ocasión no me encontraba en consulta, sino que me encontraba en la calle con mi grupo de amigas y amigos (entre los que había una pareja gay). Estábamos en un bar pasando un buen rato, jugando a unos dardos por si os lo preguntáis, y comenzamos a conversar con otro grupo de chicos. En medio de la conversación mis dos amigos se mostraron cariñosos (se daban la mano, no estaban encima del otro…). Y de repente, uno de los chicos del otro grupo empezó a hacer muecas, a lanzar miradas de arriba abajo, hasta que dijo: “Oye que no tengo nada en contra, pero tampoco es necesario que lo expreséis en público ¿no?”
Aunque el mensaje pueda pareceros asertivo y respetuoso, recoge un enorme prejuicio frente al colectivo LGTBIQ+. Supone desigualdad a la hora de expresarse, limita la forma de amar y en general de poder vivir con normalidad. Mostrar quién eres libremente, no debe ser vivido con una reacción ajena de ataque y sus prejuicios no deben hacer que te sientas así.

- Los niños y las niñas no deberían saber sobre esto: Probablemente sea uno de los mitos más presentes en nuestra sociedad actualmente. Estaba tranquilamente viendo la televisión con mi familia y en las noticias se discutía sobre las medidas para incluir clases de educación y diversidad sexual entre los/as más pequeños/as. ¡Muchos padres se llevaban las manos a la cabeza! Como si proporcionarles esa información “extra” fuese a modificar la química de sus pequeños cerebros (Spoiler: No es así).
La educación no corrompe, prepara para una sociedad diversa y ajustada a la realidad. Negar esta información no protege, sino que nos hace más vulnerables a prejuicios y desinformación. Desde nuestra infancia ya estamos expuestos a la diversidad y dar visibilidad a otro tipo de relaciones, no es en absoluto perjudicial, si no nutritivo. Sí lo es, el fingir que no existen múltiples formas de relacionarse.
- ¿Es posible curar la homosexualidad?: Estaba en clase en la universidad, no muy cómodo por los asientos, cuando algo me incomodo mucho más… La clase trataba sobre los conocidos experimentos que en su momento tuvieron una gran transcendencia a nivel social sobre las terapias de conversión. No solo se ponían en práctica por su efectividad, sino que también contaban con el respaldo de una parte importante de la comunidad científica hace décadas. Me planteaba, ¿tanto rechazo puede generar la homosexualidad que lleve a asociarla con la enfermedad?
Ante la pregunta planteada sobre la “cura de la homosexualidad” la respuesta es clara: No, porque no hay nada que curar. La homosexualidad no es ni una enfermedad, ni algo perjudicial para la salud, por lo que reitero, no hay nada que curar. Asimismo, como ya hemos visto anteriormente, no es algo pasajero, sino que forma parte estable de la persona, de su identidad. Las terapias de conversión no solo no funcionan, sino que también van en contra de la ética y valores de la persona. En resumen, el objetivo no es cambiar al individuo, sino modificar aquellas ideas que hacen que se asocie el formar parte del colectivo LGTBIQ+, como algo nocivo y negativo.
- ¿Es la comunidad LGTBIǪ+ más promiscua?: Bueno, me encontraba de camino a celebrar el día del orgullo con varias amistades y escuchamos a un grupo de personas haciendo comentarios despectivos, transcrivo literalmente (disculpas anticipadas porque no son mis palabras): “Es que los gays son unos guarros, solo piensan en follar, normal que tengan tantas ITS (Infecciones de Transmisión Sexual)…” Me quedé disgustado, sobre todo por el tono despectivo con el que tan a la ligera y en un tono alto se escuchaban sus comentarios.
Mi respuesta una vez más, en este caso ante el prejuicio de promiscuidad, será con la misma contundencia: No. La orientación o diversidad sexual no determina la conducta sexual, que corresponde con el tipo de prácticas sexuales que llevemos a cabo, la frecuencia o las características que la forman. Lo que determina la conducta sexual, son las preferencias de cada persona y de su pareja, pero no su sexualidad. Cuidado con esta distinción tan importante, ya que sin ella, los prejuicios y cómo el colectivo LGTBIQ+ se presenta en muchas ocasiones, favorece que exista esta asociación tan desajustada.
- Si tienen los mismos derechos que el resto, ¿cuál es el problema?: Por desgracia, este último mito lo he escuchado tanto en consulta, como en la calle… Recordemos que a día de hoy existen contextos y países donde el matrimonio igualitario o la adopción no es posible, incluso expresarse o vestirse de cierta forma puede llevarte a la cárcel, incluso amar a una persona de tu mismo sexo es delito penado de muerte. También hay que recordar que, aunque en muchos países, sobre todo occidentales, se hayan logrado ciertos derechos a nivel legal, estos avances no son sinónimo de que se lleven a cabo en la práctica real. El estigma, la discriminación y la violencia se puede ejercer tambien desde organismos más simples como puede ser el contexto familiar o escolar, donde la ley no garantiza seguridad. Por ello, aunque existan derechos a nivel institucional hay que abogar por que la información y la educación empiece en contextos familiares y que todo cambio social da comienzo a través de esas pequeñas revoluciones que todos podemos hacer a nivel individual.

Formar parte de este colectivo no solo me ha hecho decantarme por ayudar a otras personas que pueden formar parte de él, sino que el experimentar o escuchar, no solo estos mitos, sino muchos más sobre la comunidad LGTBIQ+, me ha impulsado a desmitificar dichas creencias. Desde Psicomoray buscamos proporcionar un espacio a ambos grupos: a aquellos que son víctimas de estos comentarios, pero también a aquellos que buscan entender a familiares, amistades o a la sociedad que les rodea. Por ello, os planteo: ¿Estamos dispuestos a respetar y escuchar a quienes pueden vivir su sexualidad de forma distinta a nosotros?
Si tu respuesta es sí, Psicomoray es tu lugar y y todo el equipo estamos aquí para vosotr@s.
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