¿Por qué dos personas pueden recibir penas distintas por el mismo delito?

Es una pregunta que muchos ciudadanos se hacen al leer noticias sobre juicios o sentencias: ¿cómo es posible que dos personas cometan el mismo delito y reciban penas diferentes? La respuesta no se encuentra en la arbitrariedad de la justicia, sino en un concepto fundamental del derecho penal español: las circunstancias modificativas de la responsabilidad penal, conocidas como agravantes y atenuantes.

Para redactar este artículo, hemos contado con la ayuda del abogado José Luis Burguillo, del despacho Burguillo Abogados.

Circunstancias que influyen en la pena

En España, la Ley Orgánica del Código Penal establece que la pena de un delito no se determina únicamente por la acción cometida, sino también por las circunstancias que rodean al hecho y a la persona que lo cometió. Estas circunstancias pueden agravar o atenuar la responsabilidad penal, y por ello, dos personas que cometen el mismo delito pueden recibir penas muy diferentes.

1. Circunstancias agravantes

Las circunstancias agravantes aumentan la gravedad del delito y, por tanto, la pena. Algunos ejemplos incluyen:

  • Cometer el delito con previamente planificado o con alevosía.

  • Usar medios que pongan en mayor riesgo la vida de las personas.

  • Cometer el delito aprovechando una posición de autoridad.

  • Realizar el delito por motivos discriminatorios o de odio.

Por ejemplo, dos personas pueden robar en una tienda. Si una lo hace de manera impulsiva y sin armas, mientras que otra lo planifica, amenaza al personal y usa un arma, la segunda enfrentará una pena mucho más severa por la existencia de circunstancias agravantes.

2. Circunstancias atenuantes

Por otro lado, las circunstancias atenuantes reducen la pena porque muestran factores que disminuyen la responsabilidad del autor. Entre las más comunes están:

  • Cometer el delito bajo desequilibrio emocional o estrés extremo.

  • Actuar bajo la influencia de sustancias que afectan la percepción de la realidad, sin intención de causar daño grave.

  • Colaborar con la investigación policial o judicial.

  • Reconocer los hechos y mostrar arrepentimiento sincero.

LEER:  La evolución del Atlético de Madrid a lo largo de los años

Por ejemplo, si alguien causa un accidente de tráfico con lesiones leves por una distracción involuntaria, y otra persona causa el mismo accidente con conducción temeraria y sin colaboración, la primera puede recibir una pena menor gracias a las atenuantes aplicables.

Otros factores que marcan la diferencia

Además de las agravantes y atenuantes, existen otros factores que los jueces tienen en cuenta para ajustar la pena:

  • Antecedentes penales: un historial limpio puede jugar a favor del acusado, mientras que reincidencias aumentan la sanción.

  • Edad y madurez: menores de 18 años o personas con discapacidad pueden recibir un trato diferente según la ley.

  • Circunstancias personales: responsabilidad familiar, problemas de salud o circunstancias económicas pueden ser considerados.

Estos factores muestran que la justicia penal no es uniforme ni mecánica; cada caso se analiza individualmente para que la sanción sea proporcional al delito y a las circunstancias de quien lo comete.

La importancia del abogado penalista

Frente a estas diferencias en la aplicación de la ley, contar con un abogado especializado en derecho penal es crucial. Su labor consiste en:

  • Identificar posibles circunstancias atenuantes que puedan reducir la pena.

  • Contrarrestar agravantes que no estén fundamentadas.

  • Asesorar sobre estrategias de defensa y negociación con la Fiscalía o el tribunal.

  • Garantizar que se respeten los derechos del acusado durante todo el proceso.

En muchos casos, la intervención de un abogado penalista marca la diferencia entre una condena severa y una reducción significativa de la pena, demostrando cómo la preparación legal y la presentación de circunstancias favorables influyen directamente en el resultado.

¿Por qué cada caso penal es único?

Que dos personas reciban penas distintas por el mismo delito no significa que exista un fallo o arbitrariedad en el sistema judicial; al contrario, refleja el principio fundamental del derecho penal español: la justicia individualizada. La ley reconoce que cada delito se comete en un contexto diferente y que cada autor tiene circunstancias personales únicas que pueden influir en su grado de responsabilidad. Por ello, los jueces no aplican una pena estándar de manera mecánica, sino que ajustan la sanción tomando en cuenta una serie de factores clave.

LEER:  Cómo Valdemorillo se ha convertido en un centro artístico

Entre los elementos que pueden modificar la pena se encuentran las circunstancias agravantes, como la alevosía, el abuso de autoridad o la discriminación, que elevan la gravedad del delito; y las circunstancias atenuantes, como el arrepentimiento, la colaboración con la justicia o la actuación bajo estrés o enfermedad, que pueden reducirla. Además, los antecedentes penales, la edad, la situación familiar, la estabilidad emocional y otros factores personales también se valoran cuidadosamente. Este análisis detallado permite que la pena refleje la responsabilidad real y el nivel de culpabilidad de cada individuo, evitando castigos desproporcionados y promoviendo una justicia más equilibrada.

Comprender este proceso ayuda a los ciudadanos a ver que la ley no es rígida ni injusta, sino que busca adaptarse a la complejidad de cada situación. La intención no es únicamente castigar, sino también prevenir futuros delitos, proteger a la sociedad y garantizar que los derechos de todas las partes involucradas—víctimas y acusados—se respeten. En definitiva, las diferencias en las penas muestran cómo la justicia española intenta equilibrar la proporcionalidad, la equidad y la protección de los derechos individuales, reconociendo que cada caso tiene su propia historia y circunstancias que merecen ser consideradas.