
Brainspotting: una terapia somatoemocional que aborda la integración de las experiencias vitales dolorosas a través del cuerpo y de la regulación del sistema nervioso
A veces sabes perfectamente qué te pasa, incluso sabes de dónde viene. Has pensado mucho sobre ello, lo has hablado, quizá has hecho terapia y has conseguido comprender muchas cosas de tu historia. Sin embargo, sigues sintiéndolo como si algo dentro de ti estuviera intacto.
Otras veces ni siquiera sabes qué está ocurriendo; solo te sientes más irritable, confuso/a, no duermes bien, tienes ansiedad, tu cuerpo está tenso, determinadas situaciones te desbordan o algo dentro de ti parece reaccionar, aunque no entiendas por qué.
En ambos casos, hay una pregunta que escucho con frecuencia en consulta:
“Si entiendo lo que me pasa, ¿por qué sigo sintiéndome así?”
Esta pregunta ha acompañado también mi propia historia y, con el tiempo, se ha convertido en una de las claves de mi manera de acompañar.
Comprender no es suficiente
Desde muy joven me sentí diferente, demasiado “sensible” y, muchas veces, poco comprendida. Durante años conviví con una sensación de nerviosismo y activación interna que no sabía explicar y producía un enorme sufrimiento.
A comienzos de mis treinta años atravesé una etapa de ansiedad especialmente intensa. Busqué ayuda y comencé un proceso terapéutico. Comprender mi historia me ayudó mucho, pero había algo que seguía ocurriendo: podía entender lo que me pasaba y, al mismo tiempo, continuar sintiéndome nerviosa y en alerta constante.
Años después, descubrí una nueva mirada sobre algunas de aquellas experiencias: la posibilidad de que determinadas reacciones estuvieran relacionadas con experiencias traumáticas y relacionales que necesitaban ser abordadas de otra manera.
Comencé entonces mi propio proceso de trabajo con trauma de desarrollo, vínculo apego y Brainspotting. Para mí supuso descubrir que podía acercarme a determinadas sensaciones y emociones sin luchar contra ellas ni intentar comprenderlas únicamente desde la mente.
Aquella transformadora experiencia fue una de las razones que me llevaron a dedicarme al acompañamiento terapéutico.

No todo lo que nos duele puede resolverse con palabras
No quiero decir con esto que hablar no sea importante. Lo es.
Comprender nuestra historia, poner palabras a lo que nos ocurre y encontrar nuevos significados puede resultar profundamente valioso, pero algunas experiencias necesitan que ampliemos la mirada.
Por eso, cuando acompaño a una persona, no me interesa únicamente saber qué ocurrió. También me interesa observar qué sucede ahora dentro de ella cuando aquello se activa.
Puede llegar a consulta una persona que está atravesando una ruptura, un duelo, una crisis laboral, un cambio importante, un período de ansiedad o una dificultad en sus relaciones afectivas.
Puede saber perfectamente de dónde viene su malestar porque ya lo ha trabajado previamente en terapia, o puede decir simplemente: “No sé exactamente qué me pasa, pero siento ansiedad, nerviosismo o un malestar que no consigo entender ni gestionar”.
En ambos casos, podemos explorar qué ocurre en el cuerpo, qué emociones aparecen, qué patrones se repiten y qué sucede cuando dejamos de luchar o huir de aquello que estamos sintiendo.
El cuerpo se convierte entonces en una puerta de entrada al trabajo emocional.
Una experiencia actual también puede reactivar huellas somáticas y emocionales de experiencias anteriores. Cuando hablamos de trauma de desarrollo o relacional no hablamos necesariamente de un acontecimiento extraordinario; puede tratarse de experiencias tempranas en las que sentimos que nuestras necesidades emocionales no fueron suficientemente atendidas.
Esas experiencias pueden influir en nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás y, ante determinadas situaciones del momento presente, volver a activarse. Como dice Bessel van der Kolk: “El cuerpo lleva la cuenta”; nuestro cuerpo es como la caja negra de un avión que guarda todos los registros de lo que hemos vivido, puede incluso guardar memorias de nuestra experiencia perinatal e incluso, los asuntos no resueltos de nuestros predecesores.
¿Qué es Brainspotting?
Una de las herramientas centrales que utilizo en terapia es Brainspotting, un método desarrollado por David Grand a partir de su trabajo con trauma. Su principio fundamental se resume en una frase: «Where you look affects how you feel»: dónde miras influye en cómo te sientes.

En una sesión podemos partir de algo muy concreto que la persona está viviendo en el presente: ansiedad ante una situación laboral o familiar, tristeza, miedo, rabia, pensamientos repetitivos, una sensación corporal o determinadas manifestaciones físicas.
En lugar de quedarnos únicamente en la narración de lo sucedido, dirigimos la atención hacia esa experiencia y exploramos el campo visual hasta encontrar un punto que parece guardar una relación particular con ella. A partir de ahí, mantenemos una atención focalizada y curiosa, acompañando lo que vaya apareciendo sin forzar.
Pueden surgir sensaciones, emociones, recuerdos, imágenes o simplemente cambios en la experiencia corporal. Se trata de poder acercarnos a esa experiencia sin quedar completamente fundidos con ella, aprendiendo poco a poco a observarla y acompañarla con curiosidad desde un lugar amable y sin juicio.
Mi papel en la sesión no es interpretar lo que sucede, sino acompañar, observar, escuchar y ayudar a la persona a mantenerse en contacto con su experiencia interna de una manera segura, a través del vínculo que hemos ido estableciendo.
En algunas sesiones utilizo también estimulación sonora bilateral u otros recursos propios de este enfoque.
Una manera de acompañar que integra diferentes perspectivas
Mi manera de acompañar parte de una mirada somatoemocional, en la que cuerpo, emociones y experiencia personal forman parte del proceso. Cada persona y cada proceso son diferentes, por lo que no se trata de aplicar una técnica concreta, sino de comprender quién tengo delante, qué está viviendo y qué necesita para poder acercarse a sí misma con mayor seguridad, claridad, calma y compasión.
La Alta Sensibilidad forma parte de mi especialización. Algunas personas llegan porque se reconocen en una sensibilidad elevada y otras simplemente porque están atravesando un momento difícil y sienten que, aunque ya han hecho muchas cosas para encontrarse mejor, algo sigue produciendo malestar en sus vidas. No necesitas llegar a consulta sabiendo si eres PAS o no.
¿Qué puede cambiar durante el proceso?
Dejar de luchar o huir de lo que sentimos no significa que el dolor desaparezca. Un duelo sigue siendo un duelo, una ruptura sigue siendo una ruptura. Lo que hemos vivido y estamos viviendo forma parte de nuestra historia.
Lo que sí puede cambiar es nuestra relación con aquello que nos sucede.
A lo largo de estos procesos, observo cómo algunas personas empiezan a relacionarse de otra manera con sus emociones, pensamientos y sensaciones; aquello que antes las desbordaba puede ir perdiendo intensidad o frecuencia y aparece más espacio para tomar decisiones con mayor libertad y abrirse a las posibilidades que la vida ofrece.

Una persona a la que acompañé durante un proceso de duelo expresó algo que para mí resume muy bien este trabajo: el acompañamiento no había borrado su pérdida, pero había transformado la manera en la que podía convivir con ella.
Y quizá ahí esté una de las claves.
No se trata de extirpar el malestar como si fuera algo que pudiéramos sacar de nuestro cuerpo. Se trata de aprender a mirarlo, escucharlo y acompañarlo sin entrar en conflicto interno con él.
No tienes que saber exactamente qué te pasa para empezar
Después de haber vivido mi propio proceso y de llevar años acompañando a otras personas, hay algo que tengo cada vez más claro: el sufrimiento no es algo inevitable que tenga que acompañarnos para siempre. Podemos aprender a relacionarnos con él de otra forma cuando empezamos a escuchar realmente lo que ocurre dentro de nosotros.
Esto no siempre podemos hacerlo solos.
Tendemos a volver una y otra vez a los caminos que ya conocemos, incluso cuando esos caminos dejaron de ser útiles. Por eso, en determinados momentos, necesitamos a otra persona que pueda acompañarnos con presencia, empatía y sin juicio; alguien que nos ayude a quedarnos en aquellas experiencias que hasta el momento no podíamos tolerar y a acercarnos, poco a poco, a aquello de lo que aprendimos a defendernos.
Alejarse de lo que dolía fue precisamente la forma que encontramos, a nivel inconsciente, para protegernos. Fue un mecanismo de afrontamiento que, en su momento, tuvo sentido, pero lo que un día nos protegió puede terminar convirtiéndose en una cárcel cuando nos mantiene alejados de nosotros mismos y de la vida que queremos vivir.
A través de un vínculo seguro y de un proceso acompañado, podemos ir desarrollando recursos para regularnos y sostener aquello que sentimos desde un lugar más amable y compasivo.
No se trata de dejar atrás nuestro dolor, sino de darle un lugar diferente para poder volver a la vida.
Paloma Benito Fernández: Terapeuta Somatoemocional especializada en Alta Sensibilidad, trauma y regulación emocional. Acompaño procesos de crisis vitales, duelo y desregulación emocional de forma presencial en Alcalá de Henares y online (videoconferencia).
Este acompañamiento no sustituye la atención médica, psiquiátrica o psicológica clínica cuando esta sea necesaria.
