
El teatro como espejo del mundo —y como conciencia crítica de su tiempo— encuentra cada año una ocasión privilegiada para celebrarse y repensarse en el Día Mundial del Teatro. En Madrid, el Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa se suma a esta conmemoración con una programación que trasciende la mera exhibición escénica para convertirse en un espacio de diálogo, memoria y reflexión colectiva.
Durante dos jornadas, este enclave cultural, gestionado por el Ayuntamiento de Madrid, abre sus puertas a una experiencia que combina lecturas, encuentros, visitas escénicas y propuestas musicales. La iniciativa no solo invita a asistir, sino a habitar el teatro desde dentro, a descubrir sus engranajes y a dialogar con las ideas que lo sostienen.
Uno de los ejes más sugerentes de esta programación llega de la mano de la literatura. Bajo el título Chéjov, el dramaturgo ecologista, el público podrá adentrarse en una lectura comentada que pone en valor una faceta menos transitada del autor ruso Antón Chéjov. Moderada por el colectivo La Otra Arcadia, la sesión propone un recorrido por textos que abordan el mundo rural y la relación del ser humano con la naturaleza, no solo en la obra de Chéjov, sino también en autores como José María Gabriel y Galán.
En un momento histórico marcado por la crisis climática, la propuesta adquiere una resonancia especial. La preocupación por la desaparición de los bosques o la transformación del paisaje rural, presentes en estos textos, dialoga con inquietudes contemporáneas. El teatro, así, se convierte en puente entre épocas, en un espacio donde las preguntas del pasado iluminan los dilemas del presente.
La lectura contará, además, con la participación de actores de las obras actualmente en cartel en el centro: la adaptación de 1984 y El jardín de los cerezos. Esta confluencia de repertorios y sensibilidades refuerza la idea de un teatro vivo, en constante conversación consigo mismo.
Pero si algo caracteriza esta celebración es su voluntad de mostrar lo que habitualmente permanece oculto. El denominado Paseo escénico abierto permitirá al público recorrer la escenografía de El jardín de los cerezos de una forma inédita. Guiados por el director Juan Carlos Pérez de la Fuente y su equipo, los asistentes podrán pisar el escenario, observar de cerca el vestuario, el attrezzo y comprender la arquitectura dramática de la obra.
Este tipo de iniciativas no solo despiertan la curiosidad, sino que fomentan una relación más profunda con el hecho teatral. Ver cómo se construye una escena, cómo dialogan los elementos visuales con el texto, permite al espectador convertirse en cómplice del proceso creativo.
La música también tendrá su espacio en esta celebración, con una propuesta que conecta tradición y contemporaneidad. El grupo El Naán ofrecerá el concierto-taller La desaparición de las luciérnagas, una experiencia sensorial que explora las raíces de la cultura ibérica a través de sonidos ancestrales y objetos cotidianos convertidos en instrumentos.
En sus composiciones, el mundo rural emerge como un territorio en peligro, pero también como un reservorio de sabiduría. Las canciones evocan paisajes en desaparición, oficios olvidados y una forma de vida ligada a los ciclos de la naturaleza. Sin embargo, lejos de la nostalgia paralizante, la propuesta apunta hacia la resistencia: bajo las ruinas, parecen decir, aún germinan semillas.
El broche final llegará con un encuentro entre el público y el elenco de 1984, una oportunidad para dialogar sobre una obra que, pese a haber sido escrita a mediados del siglo XX, mantiene una inquietante vigencia. La distopía de George Orwell continúa interpelando a las sociedades contemporáneas, cuestionando los límites del poder, la vigilancia y la libertad individual.
En conjunto, la programación del Teatro Fernán Gómez dibuja un mapa de conexiones: entre pasado y presente, entre escena y realidad, entre artistas y espectadores. Más que una celebración puntual, se trata de una invitación a repensar el papel del teatro en un mundo en transformación.
Porque, al fin y al cabo, el teatro no solo representa la vida: también la examina, la cuestiona y, en ocasiones, la transforma.
